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A veces, la vida es como respirar. Literalmente, de eso se trata la vida: de tener aliento.

En terapia, me di cuenta de que lo más difícil en los momentos complicados, llenos de ansiedad y miedo, es no saber respirar. Un día, mi psicóloga me dijo que el propósito de la terapia y los ejercicios era que, algún día, no olvidara cómo hacerlo.

Porque de pronto tienes tantos pensamientos, miedos, quejas, y dolor, que se te olvida algo que parece básico para el ser humano: respirar.

Ahora, los pasos para hacerlo son tres (o al menos, esto es lo que he aprendido):

“Inhalar”, que, si lo buscas en internet, quiere decir tomar oxígeno, tomar fuerza para tus pulmones. Recibir.

“Mantener el aire” significa aguantar por unos segundos el aire que está entrando a tus pulmones. Esperar.

“Exhalar”, liberar el aire expulsando dióxido de carbono. Soltar.

Y creo que de eso va un poco la vida: de aprender a disfrutar estos tres momentos.

Porque hay momentos para recibir, para aprender, para “inhalar” las cosas de la vida. Para inspirarte, para llenarte. Inhalar es abrirte al recibir y permitir que todo lo bueno entre en ti. Es un momento de conexión, en el que decides aceptar la vida y todo lo que tiene para ofrecerte. Cuando inhalas, te llenas de energía, de inspiración, de posibilidades. Es un recordatorio de que siempre hay algo nuevo que puede nutrir tu cuerpo, tu mente y tu espíritu.

Hay momentos de “mantener el aire”, en los que no tienes que hacer nada más que esperar, sin moverte, sin preocuparte. A veces es cuando más difícil se hace mantener la calma, porque dentro de ti sientes que necesitas moverte o actuar. Pero son estos momentos los que nos hacen aprender a confiar en que el tiempo tiene su propio ritmo. Aprendes a confiar en el proceso, a encontrar paz en la pausa, y a valorar la calma que llega antes de cualquier acción.

Pero también llegan los momentos de exhalación, en los que el cuerpo ya no aguanta, en los que el alma y el corazón necesitan sacarlo, soltarlo… Exhalar no es solo liberar aire, es dejar ir lo que ya no te sirve, lo que pesa en tu corazón y en tu mente. Es permitir que todo aquello que has retenido finalmente se libere, dejándote más ligero, más en paz. Exhalar es un acto de rendición; es aceptar que no todo está bajo tu control, y que a veces, lo más saludable es dejar ir, por medio de lágrimas, de canciones, de letras.

Sí, es válido soltar, dejar ir y liberarte de cualquier cosa que pese, para abrir espacio a lo nuevo, a lo que está por venir… para tomar fuerzas y volver a inhalar.

Qué mágico es aprender esto, un respiro a la vez.